Los competidores en una carrera no miran a los lados porque pierden concentración, su mirada y enfoque están fijados en la meta, miran hacia adelante, cabeza arriba para mantener una respiración más fluida y por ende el cuerpo rinde mejor.
Nuestra vida es como una carrera y nosotras ¡no debemos mirar a los lados! no debemos comparar nuestros logros con los de otros, en ningún sentido: ni material, ni espiritual.
Tenemos ritmos distintos, recursos distintos, formas distintas, dones distintos pero un mismo camino y una misma meta:
Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
Hebreos 12:2
El mirar a los otros no solo nos distrae, sino que nos hace tropezar con la piedra de la duda, con la piedra de la queja constante, llegando a endurecer nuestro corazón y eso no permite disfrutar las bendiciones que Dios nos da que son incontables:
Respirar, ver, oír, caminar, pensar, oler, tener un techo, cobijo, comida, hijos, nietos…y ¿sabes que? la lista puede ser más larga y mayor aún a todo lo anterior tenemos:
Redención, justificación, vida eterna con Cristo, estamos insertas en la familia del Rey de Reyes con toda legalidad y derecho a la herencia, ¡amadas por el creador del universo que es nuestro Padre! vestidas con lino Fino, con una morada majestuosa asegurada en la nueva Jerusalén, ¡díganme si eso no es riqueza!! SOMOS MILLONARIAS ¿sí o no?
Tal vez no millonarias con cuentas bancarias llenas de dinero, tal vez por ahora no podamos comprar todo lo que deseamos o ayudar a otros como quisiéramos, pero…
«No sé necesita dinero para bendecir a otros, tu tiempo, una sonrisa, una palabra de consuelo o de exhortación pueden cambiar el rumbo de una persona»
Maria Daniela Leon
Entonces:
- ¿Qué tal si empezamos por agradecer lo que sí tenemos?
- ¿Qué tal que dejamos de mirar la vida de otros (muchas veces maquilladas en redes sociales) y comenzamos a disfrutar la nuestra?
- ¿Qué tal si en vez de mirar al que tiene más, miro al que tiene menos? (eso nos ayudaría a ver cuan bendecida somos)
- ¿Qué tal si comienzo a disfrutar y a servir a las personas que están en mi vida?
- ¿Qué tal si entendemos de una vez por todas que todas las posesiones que acumule o logre en la tierra, aquí se van a quedar y serán consumidas?
- ¿Qué tal si en vez de esos “tesoros” que se corrompen empezamos anhelar y a cultivar tesoros para lo eterno?
Cuando era niña y participaba de una piñata en una fiesta, no me importaba si otros tomaban más juguetes, yo me emocionaba y jugaba con los dos o tres que lograba alcanzar, era feliz si solo agarraba caramelos jajjaja y si no conseguía nada simplemente disfrutaba la fiesta.
¡Aprendamos a disfrutar lo que tenemos!
Meditemos y reflexionemos en estas preguntas de introspección, y aquello que nos cueste aceptar, tenemos disponible el Espíritu Santo 24×7 para ayudarnos, guiarnos, animarnos, consolarnos.
Filipenses 3:13-14
«He decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que me falta por recorrer. Así que sigo adelante, hacia la meta, para llevarme el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo».
«¿No se dan cuenta de que en una carrera todos corren, pero solo una persona se lleva el premio? ¡Así que corran para ganar! Todos los atletas se entrenan con disciplina. Lo hacen para ganar un premio que se desvanecerá, pero nosotros lo hacemos por un premio eterno»
1 Corintios 9:24-25
Mantener tu mirada en la meta sabiendo todo lo que te espera al llegar, te impulsará a seguir adelante, nosotras no corremos una carrera de velocidad ni de rivalidad, sino de resistencia y recuerda ¡No estamos solas!
Con amor,
María Daniela León










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