¿Qué tal si inicio este blog, dejando claro lo que significan las palabras «Babel» y «Sinai»? Te cuento que la palabra Babel significa confusión y la palabra Sinaí significa lugar sagrado.
Ahora dejemos claras otras ideas. La humanidad siempre se ha esforzado por demostrarse así mismo que son capaces de lograr lo que se propone, e incluso si tienen que desafiar las leyes físicas, químicas y naturales. Todo en su afán de ir más allá de toda verdad, esto lo único que demuestra es la arrogancia y orgullo del ser humano.
Si bien es cierto, que hay avances tecnológicos que han ayudado a la humanidad en diferentes áreas; cuando estos se hacen sin tener en cuenta el consejo y la guía de Dios, terminan trayendo consigo fracaso, destrucción y confusión que son consecuencias de la falta de humildad del ser humano.
Y ahora sí, esta es la razón por la que inicié definiendo la palabra Babel. En la biblia, exactamente en Génesis 11:1-9, encontrarás una historia que refleja la idea que te comenté anteriormente.
Esta historia cuenta la construcción de la torre de Babel. Génesis relata que hombres que hablaban el mismo idioma fueron capaces de ponerse de acuerdo para construir una torre que llegara hasta los cielos. Ellos querían alcanzar las alturas por su propia cuenta o fuerzas, usaron su conocimiento, creatividad y habilidades para llevar a cabo tal idea.
Pero vio el Señor Dios lo que estaban haciendo y no se agradó porque Él siempre ve más allá y dijo:
Será mejor que bajemos a confundir su idioma para que ya no se entiendan entre ellos mismos.
Génesis 11:7
Así, tal cual, está la sociedad actual: buscando ser más que Dios, creyéndose más sabia y capaz que el mismo Dios, creando imperios que creen controlar, desconociendo a Dios como Creador de TODO.
Y está bien pensar que esto sucede porque la sociedad cada día se aparta más de Dios, pero aquí es donde, con amor, quiero exhortarte, porque primero fui exhortada yo. Como pueblo santo, como hijas amadas del Rey y como coherederas del Reino de Dios, tú y yo no somos iguales a los de este mundo. Sin embargo, en el afán de progresar, e incluso de ver cumplidas las promesas que Dios nos ha dado, hemos intentado usar nuestra unción y los dones que Él nos dio para construir nuestras propias torres de Babel.
Sin buscar en la intimidad a Dios, sin su consejo y sin la guía del Espíritu Santo, se nos ha olvidado que es Él quien hace todo posible y quien es el dador de toda buena dádiva; pero esa dádiva debe ser dirigida por Él.
Haz un alto en tu vida y replantea el motivo detrás de cada decisión. ¿Por qué haces lo que haces? ¿Por qué te convertiste en profesional? ¿Por qué te convertiste en madre? ¿Por qué decidiste emprender ese negocio? ¿Por qué compraste lo que compraste hoy? Acaso, cuando entregaste tu vida a Dios, ¿no fue precisamente para darle a Él toda la honra y el honor? Pregúntate si realmente lo estás haciendo, o si te estás quedando con el crédito.
Y es que muchas veces comenzamos proyectos que, en un principio, fueron promesas de Dios, pero perdimos el enfoque de lo verdaderamente importante. Así, terminamos convirtiendo lo santo en algo impuro, a causa de nuestra vanidad, nuestra ambición y nuestra falta de humildad..
Déjame recordarte que el camino más alto para llegar a las alturas no es creando nuestra propia torre de Babel, sino subiendo al Monte Sinaí, a ese lugar sagrado donde recibimos instrucciones específicas de parte de nuestro Padre amado y eterno.
Allí, donde la presencia de Dios te envuelve y te transforma, donde reconoces que sola no puedes, que necesitas la manifestación e intervención del Todopoderoso. Allí, donde te despojas de ti misma y le permites a Dios actuar con su soberanía.
Vive una vida intencional en cada área de tu vida, dándole honra y honor al único que merece todo de ti. Hemos olvidado que nuestro mayor reconocimiento no proviene de esta tierra y que la aprobación no debe ser buscada aquí, en un lugar donde no pertenecemos. Tú fuiste elegida y apartada para hablar, ir y hacer todo lo que tu Padre, el Rey de reyes, te ha pedido. Fuiste escogida para establecer el Reino de los cielos aquí en la tierra.
Yo te elegí antes de que nacieras; te aparté para que hablaras en mi nombre a todas las naciones del mundo». Le contesté: Dios todopoderoso, yo no sé hablar en público, y todavía soy muy joven. Pero Dios me tocó los labios y me dijo: No digas que eres muy joven. A partir de este momento tú hablarás por mí. Irás a donde yo te mande, y dirás todo lo que yo te diga. No tengas miedo, que yo estaré a tu lado para cuidarte.
Jeremías 1: 5-9
Dios te bendiga, recuerda que Él te ama con amor eterno.








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