Hola mi nombre es Daniela y quiero contarte que disfruto escribir, de hecho, tengo un gran número de agendas donde escribo frases, devocionales, pensamientos e incluso temas que siento que Dios me ayuda a entender o esclarecer, pero jamás había pensado en escribir para que alguien más leyera mis escritos, lo que si pienso y siento cada vez que escribo es que algún día todo eso que estoy escribiendo me servirá para hablarle o enseñarle a alguien más lo que Dios me enseñó a mí.
Recuerdo que de niña siempre he sido muy tímida y me costaba expresar mis pensamientos o sentimientos verbalmente, por lo que prefería coger papel y lápiz y hacer cartitas a mamá, papá, a mis amiguitas del colegio. Me encantaba dibujar y escribir, era algo en lo que sumergía y de esta manera todo a mi alrededor desaparecía. Crecí en un hogar un poco difícil somos 3 hijas mujeres; yo soy la segunda, mi papá en ese entonces no era un hombre cristiano y mi mamá sí, ella fue quien desde niña sembró en nosotras el evangelio.
El camino no ha sido fácil, de hecho, ha sido bastante pedregoso, doloroso y muchas veces
demasiado fatigante. Mi papá, un hombre que amo y respeto demasiado fue un padre bastante agresivo, violento, grosero, poco expresivo para las señales de amor o admiración, que es lo que busca un hijo o hija cuando es pequeño. Pero era un hombre responsable y bastante esforzado, trataba de que por lo menos tuviéramos un techo y comida en la mesa, y valoro mucho su dedicación igual que la de mi madre una mujer valiente, virtuosa, dulce, atenta siempre estuvo ahí para nosotras. Pero crecimos con muchos faltantes en nuestro ser, baja autoestima, inseguridades, temor, algunos resentimientos.
Mis hermanas, en algún momento cuando pudieron alzar su voz porque ya no eran las niñas pequeñitas ahora eran adolescentes, quisieron de alguna manera revelarse, protestar contra nuestros padres, fueron épocas difíciles. Yo por el contrario he sido más callada, reservada y un poco temerosa, pero las enseñanzas de mamá, la iglesia, la escuela dominical, proverbios y salmos que son de mis favoritos siempre estaban allí en mi cabeza y mi corazón recordándome de alguna manera que Dios estaba conmigo y que todo podía mejorar.
Era allí donde unos cuantos dibujos y unas letras me permitían gritar lo que mi boca callaba. Podría quedarme escribiendo tantas cosas de mi vida y de lo que Dios ha hecho en mi vida y en mi familia que definitivamente no me alcanzarían los renglones para terminar.
Lo que si debo reconocer es que han sido tantas las historias y experiencias que he vivido con mi Jesús que te puedo asegurar que aun cuando he querido huir de Él y de su plan, Él siempre me ha traído de vuelta con sus lazos de amor. Hoy ya no soy esa niñita, ahora soy una mujer con 32 años, con una carrera profesional, casada con un hombre producto de muchas oraciones dirigidas a Dios desde hace tiempo.
Por alguna razón esa niña de los dibujos y letras se perdió en el camino, dejó de escribir y de creer que esos escritos servirían para algo. Volví a escribir en 2019 un año bastante difícil para mí, sin saber lo que se venía 2020 (pandemia).
Me sentí tan pero tan perdida, que en 29 años jamás había tenido un pensamiento como aquel que tuve en ese 2019 (pensaba que era un error estar en esta tierra, que no estaba aportando nada absolutamente nada, que no servía, que mejor era no existir y le dije a Dios que me quitara la vida porque estaba siendo estorbo para muchos).
Me encontraba en un desierto total, me sentía seca por dentro y aunque gritaba auxilio a Dios, sentía que Él no estaba allí, era como si me había abandonando y claro que tenia justificación porque por muchos años lo burlé, vivía con un pie en el evangelio y resto del cuerpo en el mundo y en medio del caos quise volver a ser aquella niña, aquella pequeña que tenia sueños, deseos y anhelos. Aquella niña que sabía que Papá Dios escuchaba y regresé a mis escritos y empecé a buscarlo y buscarlo y quería hallarlo lo más pronto posible.
«Que viniera a mi encuentro pronto porque acepté y reconocí que ya no podía seguir haciéndolo a mi manera, mi vida carecía de sentido o propósito no sabía para donde iba, era como si sintiera que hasta aqui llegue»
Daniela Rios
Porque todo lo que me había planeado en la vida llego a su final. Las cosas no sucedieron
como yo lo había deseado o planeado y mi castillo se vino abajo. Pero allí estaba Él, mi Jesús mi amigo fiel, el que había prometido estar conmigo a pesar de todo, estaba allí nunca se había ido, jamás me abandonó me estaba observando en medio de su silencio, y llegó justo a tiempo a soplar vida a todo lo que estaba muerto en mí.
Wow ahora todo ha empezado a cobrar vida y no quiere decir que vino y me resolvió la vida en un “chasquear” de dedos, de hecho, la vida son temporadas como dice Eclesiastés “para todo hay un tiempo” y sí, era el tiempo de arrancar la maleza y limpiar mi jardín, aquel que yo misma había descuidado.
Y te puedo asegurar que en estos 3 años de intimidad he podido conocer verdaderamente más del verdadero Dios que lo que en esos 29 años había escuchado acerca de Él. Me ha hablado tan directamente cosas que no voy a mentir aún sigo aprendiendo y me falta demasiado para poder entender claramente lo que Él me pide hacer, me ha prometido cosas muy puntuales y en sueños me ha hablado con su voz audible, y no me deja de sorprender.
Quería hablar acerca de un tema que con fuerza late en mi corazón, pero creo que este era el comienzo que el Espíritu Santo quiso darle a esta escrito, ni siquiera sabía que nombre que le colocaría pero ahora lo sé, lo llamaremos TODO EMPIEZA EN CASA.
Y lo que quiero hablarte sobre esto no se trata de mí, se trata de la FAMILIA. Y voy a compartir contigo este versículo con el que Dios vino a darme vida.
El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.
Juan 10:10
Y sí, allí se resume la vida del ser humano, nuestro enemigo Satanás vino como ladrón a robarse tu inocencia y la mía, tu pureza, a robar tus sueños, a matar tu propósito y destruir el plan de Dios para tu vida. Y es allí donde Dios empezó a tratar mi vida para restaurarla. Y era que Él me revelaba de que antes de que Jesús viniera al mundo, Dios su Padre preparó una familia; conformada por un hombre y una mujer, para llevar a cabo ese plan de Salvación.
Y eso me hacía pensar que como cristianos hemos perdido el valor de la familia y es que el hombre fue diseñado y creado con un diseño único y exclusivo para aportar dentro de la familia PROTECCIÓN y la mujer otro diseño también único y exclusivo con unas características necesarias para aportar los cuidados necesarios al hogar.
Para ninguno es un secreto todo lo que se está viviendo; una sociedad perdida, sin valores ni principios, y esta diabólica distorsión de género en jóvenes y adultos realmente viene de lo que se dice en este versículo Juan 10:10 porque Satanás empezó por robarle el diseño original al Hombre y por eso hoy vemos que son mas las mujeres en las iglesias y en los ministerios.
Una de las principales tareas del hombre dentro de la familia es el de brindar protección. Cuando esto se desdibujo en la mente del hombre, empezó también a distorsionarse en la mujer porque ella al ver que no se estaba sintiendo protegida por su padre o esposo entonces surge la necesidad de sentirse autosuficiente y se dice así misma si nadie me cuida tengo que hacerlo yo misma, y se desata el famoso feminismo.
Y estos son temas sumamente delicados, pero ¿a qué quiero llegar? A que cuando Dios me confrontaba con todo esto y me mostraba este panorama; allí me veía yo reflejada, en esos renglones del comienzo, y no es que venga a juzgar a mis padres porque de alguna manera ellos trataron de hacer lo que mejor pudieron porque ellos también fueron esos niños indefensos que carecieron de protección y de amor, pero claro el niño y la niña no se van a quedar pequeños para siempre, ellos van a crecer y se va a replicar lo mismo dentro de sus familias o peor aún se termina rompiendo totalmente el molde original y vemos lo que vemos hoy.
Y recuerda que cuando Dios viene a la vida de una persona en realidad está asegurando una nueva generación para su reino. Y es el momento de volver a reconstruir y levantar los muros que fueron destruidos por el enemigo en nuestras familias, debes esforzarte y ser muy valientes; velando, defendiendo y luchando por tu familia y tus generaciones, porque definitivamente; todo empieza en casa.
Con amor,
Daniela Rios










Replica a Eyleen Ross Cancelar la respuesta